Una caminata
consciente por esos espacios, limpia el espíritu; mirando y viendo cada roca,
cada yerba, las lejanías; sintiendo el aire fresco, hasta frío; controlando la
tentación de subir a cada cerro para ver desde allí hasta más allá.
Los humanos somos de
la naturaleza, a ella debemos regresar, aunque sea de vez en cuando, para no
existir apiñados, irritables en las sociedades, en las empresas; sentirnos
libres, aunque sea por unas horas, sentimiento ya casi perdido en las mayorías;
que viven enfermas del espíritu por ello.
Ω

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