En rigor, los perros
son fieles amigos de sus amos; por ello son feroces contra quienes no lo son y
atacan al amo. Pero, ¿por qué los perros son amados y nos hacen llorar cuando se
van? Viven menos que los humanos; los alimentamos aún de bebés, no hacen reír
con sus gracias; escapan de la casa para dejar herencia, pero siempre vuelven;
hasta que los vemos viejos, ancianos, sin poder caminar, alimentarse; y no los
queremos dejar ir.
Desde que entran a
nuestras vidas, especialmente a la de los niños, es un familiar más. Cuando se
van para siempre, es cómo perder a un pariente; nos cuesta deshacernos de su
caseta que vemos ya vacía noche tras noche, sin sus ladridos, movidas de cola…
Siempre estaremos
aprendiendo cosas que nos dan sabiduría, para vivir, sino en felicidad, en
serenidad ante los múltiples problemas para sobrevivir; aprendemos que dentro
de la posibilidad material, debemos crearnos, sino días felices, horas felices
y no esperar la marcha definitiva de un ser querido para remordimientos.
Ω
No hay comentarios:
Publicar un comentario