Las empresas del
Estado, bien pueden competir con las privadas, pero con un concepto
revolucionario en la administración de ellas; sin burocracia tradicional que
las hizo quebrar en el gobierno militar; sin monopolios; con refinerías a
muerte como la Oroya en minería. Se puede discutir. El Estado, o mejor dicho,
toda la población, bien pueden ser socios en las empresas estatales compitiendo
con las privadas.
Las privadas deben
entender que los monopolios impiden la justicia. Pero, repitiendo: las nuevas
administraciones deben ser bien estudiadas o todo sería fracasos, corrupciones,
ineficiencias por la infiltración de partidos políticos en todos los niveles de
la empresa estatal; allí está el talón de Alquiles de las empresas públicas,
que terminarían siendo como las universidades parasitadas por comunistas
incompetentes.
Ω
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