¿Por qué? La
respuesta está en una infamia fanática que ojalá nunca se repita; que hay que
evitar su aplicación, erradicar de raíz su práctica.
No todo puede ser a cualquier costo bastardo.
No es
cuestión de no rabiar sobre la leche derramada, sino no de no olvidar nunca la
vileza, lo cativo, la deshonra, la calumnia, para conseguir objetivos a como dé
lugar; todo ello no se debe olvidar, recordar, para que no vuelva a suceder;
como nos advierten que la historia no se debe enterrar, olvidar para evitar su
repetición si es negativa.
Aún está
pendiente sobre el crédito de un buen deportista, un honesto ciudadano la
intriga de desprestigiarlo para debilitar a su institución, insultando
finalmente a toda una nación y a un deporte que puede unir a la humanidad.
Las intrigas
contra Paolo Guerrero, correcto jugador y ciudadano peruano, como medio para
facilitar la dudosa clasificación del equipo de un país con historia futbolística,
que veían en la arremetida, recuperación del equipo peruano, un obstáculo,
condujeron a las leyes de la FIFA a un grosero error, que debe enmendar,
cerrando el caso ya; para no seguir perjudicando a la persona y al profesional,
en el deporte que más debe regocijar a la humanidad, más allá del dolor o las
lágrimas de las derrotas deportivas; en un deporte en que los éxitos y fracasos
siempre serán cíclicos.
También se ha dañado, ofendido a un país
sencillo, hasta humilde que más sabe reír que rabiar.

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