En un lugar
del altiplano peruano, se dio una escena difícil de entender para un filósofo;
y que decían que ya era común. Una anciana, prácticamente abrazada a la tierra,
con brazos en cruz sobre ella, lloraba y gritaba para que no le quiten su
tierra. Su tierra, toda su chacra, no era sino un surco, uno sólo, un camellón, de unos 20 metros de longitud.
Recordaba
entonces, que un campesino muy viejo, cerca de los cien años, contaba que él y
su familia eran dueños de tierras de cerro a cerro, más toda una laguna; pero
que por ya herencia— en la república peruana, de nuevas leyes para ellos,
después de la colonia española—, por herencia, sus tierras iban reduciéndose en
superficie; y en buena cuenta, como en otros casos semejantes, llegar a
tocarles tan un solo surco.
En el
incanato, se requería de más o menos media hectárea para la sobrevivencia de
una persona; economía prácticamente agrícola y de pocas variedades de vegetales
alimenticios. Pero sobrevivían. Era entonces otra realidad. Con la república,
se perdió este sistema, que por herencia atomizadora de la tierra, se llegaba a
la situación de que cada persona y aun familia, ya no podía vivir de lo que
producía ni siquiera cien metros cuadrados.
Así, esos millares de familias sin tierra, que
para sobrevivir, se empleaban en las más afortunadas, astutas…o…emigraban a
otros espacios; con las incertidumbres de sobrevivencia. Como se dice: la
tierra tiene espacio constante, pero lo humanos aumentan sin cesar,
especialmente entre el indígena peruano que tienen hijos sin controles.
En las
sociedades más primitivas, el problema de las superpoblaciones, sin considerar
las eras de feroces sequías, los aumentos de habitantes provocaban guerras de
exterminio por la sobrevivencia; o en otros casos, las inmigraciones— generalmente
eran los más “intelectuales” los que emigraban y los más simples o corporales, se
aferraban militarmente al lugar donde siempre vivieron. Este fenómeno aun continúa
en el mundo actual.
A los
problemas sociales, se les busca solución guerrera o militar. Los más inteligentes,
tienen la esperanza de que yendo a otros espacios, puedan crearse un mundo
nuevo para ellos; ya sucedió en la historia; allí están la creación de Cuzco en
el antiguo Perú, la creación de Roma; Egipto… las gentes de menos intelecto se
quedan guiados por líderes simples, como los gorilas del planeta de los simios;
para quienes la solución de las superpoblaciones en demandas de alimentos y
viviendas, trabajos, se resuelven con genocidios, aun de los hermanos de
sangre, pero enemigos de dogmas; de psicologías humanas.
El mundo, el
planeta Tierra, vive el fenómeno actual de las inmigraciones, que ya no son
como en la prehistoria, porque el planeta ya no está desocupado. El problema
está allí; en toda su tragedia, su drama de escenas de niños ahogados, muertos,
que hace enfurecer por la impotencia de dar solución; se cree que las guerras
civiles basadas en ideologías, resolverá el problema de grupos, nunca de todos.
El
territorio peruano, es un pequeños espacio, que puede ser compartido con los
que abandonan sus países para no ser asesinados por los primitivos. En las
civilizaciones modernas, para sobrevivir, no se requiere exclusivamente de la
posesión de tierras, sino de. “POSESIÓN DE UN DIPLOMA ACADÉMICO QUE TE PRESENTE
COMO TRABAJADOR EN TAL FUNCIÓN ECONÓMICA, NADA MÁS”; y aun así, se puede
capacitar a cualquiera para tales funciones dentro de los sistema económicos y
sociales.

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