Los fenómenos pronunciados en la naturaleza, son cíclicos;
con fases de beneficios que no se exaltan,
más sí lo que ocasiona daño al humano. Por supuesto que nunca se ha dejado de
festejar una buena cosecha.
Recordemos, por
conocimiento, lo de las plagas del antiguo Egipto; los sacrificios humanos en
el antiguo Perú y otros espacios, pretendiendo con ello conducir la conducta de
la naturaleza.
Los antiguos peruanos, aprendieron a sobrellevar los años de
daños; así como descubrieron el “Chuño”, técnica de deshidratar por el frío a
la papa y conservarla por años; también,
ante la mortandad por el friaje de auquénidos, sacrificaban grandes cantidades
que sabían por experiencia que morirían congelados, y los convertían en “Charqui”—carne
deshidratada por las sal o sumergiéndola en fuerte salmuera y dejándola perder
el agua en el frío.
Luego, para la tradición indígena, estos golpes de la
naturaleza son conocidos. Claro que el Estado debe velar por la vida de los
peruanos de las sierras; cuando se presenten estos ciclos inevitables.
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