Podemos
considerar que los primeros libros, portadores del sentimiento, pensamiento,
conocimiento de una generación para las siguientes, nacieron, se materializaron
primeramente en rocas, en paredes,
techos, de las cavernas, hogares prehistóricos.
Millones de
años, desde su creación por la naturaleza, la especie humana existió sin
diferencias con los demás mamíferos, animales; sin conciencia; sólo sobreviviendo,
desnudos, cazando, matándose entre ellos por la sobrevivencia, la reproducción.
Pero los humanos,
presentaban característica bien diferenciadas de los mamíferos más parecidos a
ellos: los simios. En sus manos tenían un dedo opositor a los otros, el llamado
pulgar. Este conjunto permitía el agarre de cosas, a diferencia de los demás
animales. La manipulación constante, interactuó con su mente, produciendo el
razonamiento; su laringe, también muy diferenciada de los otros animales,
producía variedad de sonidos, que con la evolución de su mete, crearon un
lenguaje cada vez más complejo.
Resulta
sorprendente que los científicos de la actualidad, sólo reconozcan conductas
culturales en los humanos, no más allá de unos diez mil años; bastante poco
comparado con lo estimado para su existencia.
¿Qué sucedió en el humano para que empezara a
cambiar tan radicalmente, de un estado de animal absoluto, a otro capaz de
creación, de conciencia, comunicación; de vivir en familia y grupos más grandes
organizados?
Descubridor
de artesanías, armas de caza, de defensa; algunos de ellos, grabaron en
superficies de piedras y cavernas, sus acciones, sus formas de vivir; fueron
los primeros escritores, que usaron litolibros; gérmenes de los libros
actuales; todos ellos, separados por el tiempo y el misterio, con una misma
función: perpetuar el conocimiento o fantasías; comunicar los conocimientos,
los pensamientos.
Los libros
en sí mismos, sin considerar los contenidos que son su objetivo, son obras de
arte, cuando se les ve, pintados en un cuadro, sobre antigua mesa, con el
frasco de tinta y la pluma de ganso, nos impresionan.
También el
libro, desde su génesis, ha evolucionado como el humano; después de pasar por
larga historia cumpliendo su función, hoy usa como medio para su función, la increíble
tecnología de la computación y del internet; no se le puede tocar como
tradicionalmente; colocarlo en un estante; hoy se le lee en una brillante
pantalla; se le escribe en un computador.
El libro, ha
evolucionado, pero mantiene su razón de existencia: la comunicación del
pensamiento, sentimiento humanos; pero, a semejanza del primer embrión en una
roca, contará la historia de algún humano que existió, y lo produjo.


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