La búsqueda de los humanos, en el cosmos, de otros planetas semejantes
a la Tierra para colonizarlos, es reconocimiento de los humanos, de sus
incapacidades para convivir entre ellos; en un planeta escogido para la
creación de la vida, y permanencia de este fenómeno cósmico.
El actual planeta
Tierra, tiene capacidades para 50 mil millones de humanos; dispone de enormes
espacios terrestres, sin considerar las superficies marinas y sus contenidos de
aguas; sus polos; especialmente sus capacidades científicas para las síntesis
de alimentos, medicinas, viviendas.
No hay ninguna razón, salvo la de la prepotencia de los que
se hicieron fuertes, para no sostener, sobreviviendo cómodamente, a toda la
humanidad. La producción de tecnologías que llevan a los exploradores mecánicos
a otros planetas, garantiza las capacidades humanas para crear irrigaciones en
los desiertos terrestres, con las aguas
producidas en temporadas y que bien pueden ser almacenadas y trasladas a
cualquier lugar del planeta o conversiones suficientes del agua marina, amén de
las recuperadas.
Pero tal vez sea
cuestión de que la humanidad tenga dos, tres, cuatro o más milenios más de
existencia para ello; mientras sucede lo que sucede en ellos.
Para generar y permitir la vida, es necesario Oxigeno y
Agua; ambas materias contienen oxígeno. En la tierra estas sustancias están en
la atmósfera respirable y en los océanos, mares y demás fuentes del líquido
vital. En Marte, prácticamente no existe como en la Tierra oxígenos en su
atmósfera, formada casi cien por ciento con gas carbónico y, según investigaciones,
trazas de humedad.
Crear las condiciones para una atmósfera para la vida de los
seres terrestres en Marte, es más fantasía—descontando espacios herméticos, muy
limitados—; habría que desarmar las moléculas de CO2, para liberar el oxígeno,
pero esto implica enormes cantidades de energía térmica; que en la tierra se
toma del Sol, en la fotosíntesis de los vegetales; para el agua se requerirían
masas de Hidrógeno, que precisamente en la Tierra está en las aguas, en Marte
no existe.
El conocimiento, especialmente el nuevo, no sólo suele ser
útil, sino también que complace el espíritu; el humano investiga por necesidad
y por instinto de conservación; porque el conocimiento tarde o temprano sirve
para algo.
Los humanos no saben usar los espacios, ni los tiempos;
menos su enormes capacidades de descubrimientos científicos, ni creaciones
tecnológicas; con metodologías de realizaciones como son las empresas privadas
y públicas; aun llevan el gusano de la selva; el de la lucha permanente, no para sobrevivir, sino para la imposición de
poderes aberrados; que nada tienen que
ver con lo que cualquier humano cuerdo considera como humanidad, civilización.

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