Estos pedazos de naturaleza, no sólo son estéticos, son
además, medicinales, catárticos, depuran el alma. La hacen salirse de la cárcel
que es el vivir de la actualidad, o un caminar por selvas sin ley, con todas
sus problemáticas personales, familiares, sociales, mundiales.
Toda persona, debería tener la oportunidad, por no oneroso
turismo, visitar estos lugares; pasar unos días allí, donde no se tema
inclusive llorar, para limpiar el espíritu; ante el ya horror de la vida
actual.
No se necesita ser mesiánico para saber, que por ciclos
cósmicos, a las buenas o a las malas, el mal que hoy gobierna al mundo, como
comunismo, como neoliberalismo, dará paso a sociedades de más humanidad, progreso
material, paz, convivencia en la tolerancia, el rechazo a los despotismos.
Mientras, visitar los lugares solitarios, bellos, le hará
mucho bien al espíritu; como el sentarse en ése lugar y cerrar los ojos.
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