Es difícil no impresionarse gratamente, cuando se ve en
algún jardín volar titilante a una pequeña mariposa, que revolotea mostrando
sus colores. En lo alto de un árbol, cómodamente en una rama un negro jilguero
se luce con su trinar; luego vuela mostrando que las plumas de debajo de sus
alas son de un amarillo brillante. Videos, películas podemos ver de cientos
miles, de aves policolores. ¿Y las flores? Compiten en formas y colores.
Sabemos, que en el caso de las hembras de los humanos, les
gusta “maquillarse”, y fácilmente teorizamos que es para atraer a los machos, aunque
también podemos hipotetizar que es para complacerse a sí mismas, y no pocas
veces, perturbar a la competencia.
También recordamos, que los artistas pintores, usan los
colores en sus cuadros para crear belleza; hasta extremos de obviar el tema y
las formas, para en una simbólica, que sólo ellos y pocos, más que entender,
aceptan como estético. Pero en el caso del arte humano, es para expresar intencionalmente
belleza; talento a no todos concedido; y que lleva a hablar de millones de dólares
por un solo cuadro, ya famoso por algo.
Es decir, en obras humanas, en seres naturales, hay belleza
por el color. Pero, en el caso de la naturaleza ¿Hay intencionalidad estética
al producir seres coloridos tan bellos? Algunos observadores piensan que es un
recurso de sobrevivencia el usar colores como parte de sus naturalezas.
Habiendo decidido, que sean los machos los coloridos, sirve para atraer la
atención de los depredadores y poner a salvo a las hembras. Pero este razonamiento
no es absoluto; porque pareciera haber una intención estética.
Esto nos llevaría a pensar en una naturaleza ¿Consciente de
lo que hace?
Se puede especular libremente, pero en algo no se discute:
hay insectos, aves, peces, vegetales, y… humanas, que coloridos, se les ve muy
hermosos, hermosas, bellos, bellas.




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