En los
humanos, en toda su historia, siempre ha habido algunos de ellos, con el fuerte
instinto de la exploración. Generalmente, el deseo humano de conocer otros
espacios, es producto de una necesidad práctica: espacio para la vida de los nuevos
humanos por multiplicación.
Desde que se
tiene historia de los humanos, estos siempre han vivido en conflictos, y de los
más feroces entre los animales. Existe una enorme diferencia entre la
psicología de los animales salvajes, como un depredar león, una depredada
cebra, y los humanos. Todo lo que piensan, si lo hacen ampliamente, y hacen los
animales, está en función de la sobrevivencia y la multiplicación, la reproducción.
Pero el humano difiere profundamente de los
animales en cuanto a lo del cerebro: no sólo le interesa el sobrevivir por la
alimentación, o multiplicarse, por el sexo; sino, lo que lo diferencia de los
animales: la codicia por la riqueza, el poder absoluto sobre los demás; una compleja forma de existir; al
poder transformar la naturaleza y a los seres vivientes, incluyendo a sus
semejantes, para poner a todos al servicio de una sola persona o tirano, o
familia o una estructura humana bajo su poder o burocracia para gobernar totalitariamente
sobre mayorías débiles, incapaces por el control, de poder cambiar las
situaciones.
Los pueblos
primitivos, comenzaban con una familia, luego tribu familiar; pero por aumento
constante de humanos y no bastando los alimentos para todos, comenzaban los
conflictos; primero por esas razones prácticas, luego por ideas. Las luchas
internas, concluían que masas homogéneas de esos grupos humanos abandonaban el
espacio y salían a buscar otras tierras dónde existir. Aparecían los
exploradores que cruzaban los continentes, los mares, en busca de la
sobrevivencia en paz; existiendo, conviviendo con otros seres semejantes, en
psicologías, ideas.
La práctica
necesaria continúa, en la actualidad con el enorme cúmulo de conocimientos humanos,
incluyendo la Ciencia, que da información sobre todo lo material, la tecnología
que permite extender las habilidades y potencia de los músculos, creando cosas
inexistentes, y la empresa que organiza
personas sobre objetivos concretos, ya por utilidades u otros objetivos.
Aunque el
humano no conoce profundamente la estructura cósmica en la que vive, el sistema
planetario solar; no se detiene en la investigación, hasta aventurera, para
encontrar astros, mundos, que semejantes a la Tierra, le permitan la
colonización, ante la indetenible multiplicación del humano. Podemos preguntarnos,
tarde o temprano, los humanos podrían ser cien millones de habitantes y cómo
sobrevivirían.
Los exoplanetas
son aquellos que no pertenecen al sistema planetario solar; pudiendo estar
dentro de la mima galaxia o vía láctea u otras galaxias; en primer lugar , encontrarlos
y en segundo, estudiar la posibilidad de ser colonizables para los humanos del
futuro. No sorprende el descubrimiento de incontables de estos astros; el
problema sigue siendo la limitada tecnología para que el humano llegue
directamente a ellos; cuando reconocemos que los planetas del barrio aún siguen
siendo perfectos desconocidos.
Actualmente, el
planeta Tierra, puede alimentar cómodamente a cincuenta millones de habitantes,
con vivienda, control de salud, trabajo; posee capacidad tecnológica,
científica, empresarial para ello, en el sentido de organización humana para la
producción de bienes, servicios… pero se hace, por su historia nefasta, se hace
dudoso de que llegue, no por ahora, a acuerdos políticos, militares, religiosos,
económicos privados; hasta sociales basados en prepotencias de los espíritus
pobres realmente en filosofía.
Mientras, se
siguen encontrando planetas en otros sistemas planetarios. Quién no desea un planeta,
todo para sí mismo; sólo para vivir en paz y en convivencia con los de buena
voluntad, que piensen, sientan de la misma manera, o en todo caso, tengan altas
capacidades de civilizado de convivencia en lo heterogéneo.


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