Una enredadera de flores
en mi jardín,
Ha trepado por el muro
hasta mi ventana,
La flor primera, recién veo en su intenso color carmín,
Nacida en la noche para
mostrarse en la mañana.
La brisa la hace golpear
contra el cristal,
Hace ruido, como si llamara,
¿Quiere que la admire por
ser tan especial?
¿Quería acaso que le
hablara?
Es sólo una flor, bella,
una cosa, me dije,
Volviendo a mi trabajo
rutinario,
El ser flor, humano, nadie
elige,
Mientras oía el triste sonido del campanario.
Luego de dos días corrí la
cortina de mi cuarto,
Allí, pegada al vidrio
estaba, la flor ya sin carmesí,
Un extraño sentimiento de
mi pecho aparto,
Más queda en él un vacío,
como de algo que perdí.
Ω
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