Hay que introducir,
geometría, física, matemática, a los deportes; especialmente de equipos, antes
que de individuos. En un partido de fútbol, o competencia deportiva en general,
hasta dónde es la responsabilidad de los jugadores, y donde empieza la del
entrenador; la del joyero que debe transformar diamantes en brillantes; porque
la superación de un talentoso no depende de él, sino de los adiestradores.
En el partido por la Libertadores, entre Alianza de Perú
y el Ríver de Argentina, donde Alianza no demostró superioridad, aprovechando de ser casero, debió ganar por dos a cero, se
notaba un tremendo vacío en la función de 9, centro delantero, culminador de
todos los esfuerzos del equipo. No es cuestión de poner una camiseta de 9 a un
jugador y ya se tiene un centro delantero neto, de talento, como un Paolo;
puede deberse a que no abundan o que no se puede pagar el contrato de uno de
ellos. Pero en el fútbol profesional, como en otras latitudes de inteligentes,
en las cunas se investigan a los futuros 9. Luego si no se tienen a estos
jugadores, cualquier especulación del trabajo en equipo es eso, especulación,
idealismos.
Se podría hacer todo un ensayó sobre el tema, pero
limitándome a este partido, como postulado, podemos decir que: “En los tiros
libres, los arqueros debe ubicarse en la línea recta más cerca o corta al lugar donde pateará el rival”. El arquero
puede dividir a la cancha en dos mitades exactas, estando él al centro de su
arco, tendrá una mitad a su derecha y la otra a la izquierda, formadas por la
línea que une los puntos de penales—Geometría pura, ignorantiosos—. Por ello el
arco quedará también dividido en dos partes.
Luego, si el tiro
libre es de la esquina izquierda del área grande, el arquero debe situarse
cerca del palo izquierdo y jamás en el centro o al lado derecho de su arco. Y
al revés, si el tiro es del lado derecho, mientras más a la derecha, más cerca
debe ubicarse el arquero de su palo derecho. Por supuesto que esto no está en
las neuronas ni de arqueros ni de entrenadores; es ciencia pura. Digan lo que
digan los entrenadores, con la formación de las barreras; finalmente la
responsabilidad es del arquero, que puede enfrentarse a tiro libres sin
barreras; lo hace frente a penales.
En lo de las ciencias físicas: “Ningún jugador es más
veloz que una pelota en movimiento, impulsada por un golpe potente de
músculos”; como en un penal pateado al máximo, o en los tiros libre en que sólo
varían distancia y ángulos. La física mide que la velocidad del movimiento
promedio en una pelota de fútbol fuertemente impulsada está alrededor de los
120 Km/Hora; ningún jugador se mueve a esa velocidad, hasta ahora.
Gallese, un gran arquero, ya por su decisión o su
adiestramiento, se equivocó en ello; al ubicarse muy a la derecha de un tiro de
izquierda; confiaba en la barrera de chatos o flojos para saltos altos,
sin el otrora Chumpitaz; ni la gran
rapidez y reflejos felinos de nuestro Gallese, le permitió llega con fuerza a
la pelota, para desviarla; igual sucede si observan científicamente estos
casos.
El fútbol brasileño, argentino, uruguayo, son los límites
en el fútbol sudamericano; ya en los clubes o empresas de fútbol o a nivel de
selecciones; el fútbol, como el peruano tiene como objetivos acercarse a las
calidades de esos grandes; no dejará de molestar resultados como el de Alianza
y Ríver; más allá de los astutos estiramientos en los tiempos extras; Alianza
debió ganar en casa; con el gol de un jugador que empieza a alumbrar por sí
mismo; que grato es ello.
Ω
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