Qué grato es verte cuando caminas
por las veredas,
Las enredaderas colgadas en los largos
muros,
Con ese tenue balanceo de tus
caderas,
Que nacer hace en mi cuerpo
deseos impuros.
Aún de lejos veo tu cuello largo,
tu cintura estrecha,
En tu paso seguro tú hermosa
figura esbelta,
Que estás en mis ensueños tu
mente no sospecha,
Que en mis brazos tu alma no
puede estar más revuelta.
Así mirándote puedo seguirte de
lejos,
Con deseos de adolescente de los
más locos,
Desapareces pero en mi mente
están tus reflejos,
Ingenuos como yo, creo que hay
muy pocos.
Si te siguiera no estaría en mi cordura,
Qué podría decirte yo estando
frente a ti,
Con resignación, conteniendo mi
amargura,
Con gran esfuerzo, a mi realidad
volví.
Ω
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