La naturaleza hizo a la mujer
más resistente que al varón, pero este siempre se ha aprovechado. Se les podría
observar no muchas neuronas en la mayoría de ellas, pero de enorme cantidad en
el espíritu para la resistencia moral; en el cuerpo, para trabajar de sol a sol
y mucho más.
La más alta creación de la
naturaleza está en su producción de los mamíferos, y en ellos a la especia
humana. Consideró que mejor era crear sexos separados, para asegurar la
sobrevivencia y multiplicación; así si la embarazada era atacada, ella no
podría luchar, pero la pareja si podría hacerlo; esto ya daba idea de la
complementación de los sexos, observada también en animales, pero no en tantos
humanos, especialmente en los varones que la llevan fácil.
Temerosa la naturaleza, en su
afán de perpetuar la vida, en el caso de los humanos, hizo madurar primero a
las hembras; dos o tres años antes que los machos; ya para la fertilización
corporal, ya en lo anímico están preparadas para ello. Igualmente, les dio
musculatura para el trabajo sin cansancio, sin aburrimiento como en el macho;
históricamente, de esto se han aprovechado los machos; pero a cambio de ello,
la liberación de las hembras empieza por recusar a la maternidad, sin renunciar
al placer previo a ella.
Las contundentes estadísticas,
recuerdan que los varones empiezan a morirse, normalmente, a partir de los 80
años, pero las mujeres luego de los 90. Hasta el final, la madre naturaleza
explota a la mujer para que cuide a la especie, proteja a la familia; a ellas
les confía la tarea más dura en el universo, dar y conservar la vida.
Les da un corazón fuerte para
enterrar a los que dio vida, a los que vio crecer, hacerse mayores y tanta
veces verlos desaparecer con un último adiós.
Ω
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