Por qué nací humano, si un árbol
pude haber sido,
Quizá ignoto en selva lejana,
Sin interrupciones, en mis sueños
sumido,
Con sinfonías de aves en mis
ramas, cada mañana.
O quizás en alguna quebrada de
montaña remota,
En una puna al frío eterno
sometido,
Con un copo de nieve que en mis
ramas rebota,
Donde no me sienta ni odiado ni
querido.
No ver a lo lejos a hombres con
hachas en la mano,
A quienes no poder gritarles por
su crimen,
Sentir en mi carne su acero ante
el grito vano,
No poder golpear a los que tu
vida suprimen.
Ya en los últimos instantes de
agonía,
Verme consumido por feroz fuego,
O como hermoso mueble me vería,
Más sin poder luchar, mi alma a
la muerte entrego.
Pero recuerdo con casi una
lágrima en un ojo,
Que soy humano no otra criatura,
Corro a ver mi árbol, allí canta
un petirrojo,
No es verdad aquella imaginaria
aventura.
Ω
No hay comentarios:
Publicar un comentario