Pocos son los humanos realmente inteligentes; las mayorías
son de inteligencia común, práctica para sobrevivir, tal cual los animales de
la naturaleza. Por eso hay pocos artistas de calidad, deportistas, científicos,
estadistas, militares, filósofos, etc. La mayoría pertenecen al grupo de los
idealistas antes que de los realistas; los que creen que todo lo que imaginan
existe; en contra de los realistas que para ellos no hay más realidad que la
física, la que puede ser percibida por los sentidos y entendida con el
razonamiento lógico, lo que puede ser demostrado.
En este contexto, podemos observar, en los humanos, desde
los más primitivos viviendo en familia u organización, que el macho, dotado por
la naturaleza de músculos de potencia, es el cazador, el que carga enormes
pesos respecto a la hembras, el que lucha; y que las hembras son de maculatura
de alta resistencia, superior en esta propiedad que el músculo del macho, lo
que le permite largas jornadas de trabajo físico principalmente y rutinario.
Racionalmente, podemos entender que son complementarios; el
macho lucha para cazar y carga con la presa y la hembra procesa el alimento, lo
prepara y reparte, almacena. Allí están los chispazos primitivos de su tremenda
capacidad administradora para hacer caminar una organización.
Los machos y hembras humanos son por naturaleza
complementarios, pero la bajísima inteligencia actual e histórica, afirma que
son iguales en todo sentido; ya conocemos las aberraciones a que lleva esto.
Son como tuerca y perno, ambos constituyen un sistema de sobrevivencia. Más
siempre estará el drama de qué macho con qué hembra; porque finalmente no somos
iguales.
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