¿Por qué la explotación de unas minas no provoca
tanta oposición, hasta grave, como en Tía María, Conga; otras como de los hidrocarburos;
espacios de los nativos, no sólo
concesionados, sino con intenciones de ventas para propiedad definitiva
a los colonos de productos aceiteros, maderas, en las selvas?
¿Hay aprovechamientos políticos cuando se producen
estas situaciones especiales, o sólo reclaman los comuneros afectados, con casi
nunca justicia, con aprovechamientos de sus propios dirigentes comuneros coludidos
con abogados semidelincuentes, en obscuras negociaciones con los
inversionistas, como en la silenciada Las Bambas?
¿Son las leyes peruanas sobre minería, parcializadas,
arrastradas desde la colonia para beneficio de sólo inversionistas y que hay
que revisar?
Hay demasiadas preguntas para responder y cuanto
antes, para no ser causa también de estancamientos generales, hasta situaciones
más graves que romper propiedad ajena y provocar presos, juicios por daños y
perjuicios, muertos finalmente, gentes del pueblo, con o sin uniforme.
Las concesiones ya no deben ser tan a la ligera;
las poblaciones del Perú aumentan en cantidades y calidades ciudadanas,
cívicas; es mejor prevenir con buenas leyes actualizadas para una convivencia
en complementaridad, más que en la viveza de la explotación al débil o al ignorante.
La explotación de los recursos naturales peruanos,
requiere de nuevas leyes, con participaciones de los interesados por estar en
sus espacios comuneros generalmente, que deben ser reconocidos como propiedad
por el uso histórico y constar en el
sistema legal peruano.
Los humanos para sobrevivir, nos necesitamos
mutuamente, sin explotaciones, sin depredaciones; con respeto y consideración a
las diferencias; el abuso no es eterno, sino que lo cuente Luis XVI y la hermosa
María Antonieta.
Ω
No hay comentarios:
Publicar un comentario