El hoy desierto del Sahara, eran verdes bosques, con sorprendentes civilizaciones humanas que lo habitaron. En una sequía histórica, nunca vista, hace miles de años, el calor fue tan feroz que secó toda la vegetación que absorbía esa energía y la transformaba en leña y productos; se formaron extensas planicies de tierra calcinada, donde rebotaba el intenso calor sobre 60%; así comenzó a extenderse y quedarse la enorme área muerta, donde el calor absorbido es tan alto que no permite humedades ni vegetación, que a pesar, como ahora de caer lluvia en las parte muy altas de la atmósfera, jamás llega al suelo.
Puede ser el destino
de las selvas sudamericanas, si se deja
sin vegetación enormes extensiones de tierras por algunos años. Sólo los grandes
árboles significan protección contra la desertificación; donde el cultivo por
millones de hectáreas, de productos que enriquecen a pocos, como maíz híbrido y
soya, fácil para que el sol, con el aumento de temperatura promedio constante
en los años, pueda provocar el mismo fenómeno que concluyó en un extenso desierto
como el hoy Sahara.
Dejar que las selvas sean
destruidas por esas prácticas, serán responsabilidad de los Estados, de los
gobiernos, y de las poblaciones por cerrar las bocas y no protestar, actuar. La
naturaleza tiene, a través de los incendios naturales, un control de la
vegetación vieja y los bosques saturados de insectos, pero manteniendo la vida
de los bosques con todo su valor para la vida en general, en ciclos de
incendios y lluvias naturales.
La humanidad, vive en
el libertinaje de los que se han hecho poderosos económica y políticamente, con
respaldo militares; tal vez hay historias fatales.
Ω



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