Natalia es la única
discípula en el vóley, ¿No hay más? Le harás memoria manteniendo su tecnología
Natalia.
Después de las
lágrimas, hay que seguir. La vida no es eterna, es más bien efímera, con ratos
también de alegría.
El error, para él,
fue tal vez conocer a Perú y enamorarse de quien no lo merecía; tanto maltrato
por mediocres, ingratitudes, envidias, ya se acabó.
No basta la brava Natalia,
para reflotar al vóley peruano; falta mucha inteligencia en los gerentes de
vóley peruano, y en todas las demás disciplinas deportivas en Perú.
Para colocar las
cosas en su lugar, y no seguir, con los compadrazgos cavernarios, retrógradas
de los mediocres enquistados, como nombrar al señor Solano otra vez para que
fracase en el fútbol como director técnico, que no lo es; gerente del fútbol
tal vez, pero no director de equipos; pero la mediocridad aun impera en toda la
sociedad peruana.
Ω
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