La Empresa Familiar,
no es en sí una empresa adulta, ya definida; es un embrión de empresa, con más probabilidades
de morir, desaparecer, dejando en deudas a sus creadores, que en triunfar.
Hasta la naturaleza,
el universo, al crear la vida nunca creó a un ser definitivo; las células
procariotas no tenían órganos bien definidos, sólo cuando los perfeccionó, se
produjo la célula eucariota que serviría de base ya indiscutible para crear a seres
vivientes.
En economía puede ser
análogo. Los burócratas quieren inventar impuestos hasta a la cantidad de are respirado,
con tarifas para madrugada, mediodía y medianoche con descuentos.
En la empresa familiar,
el fundador, absorbe los derechos sociales de un trabajador de mediana o grande
empresa, precisamente porque está en formación, en nacimiento.
A la empresa familiar
hay que apoyarla, empoderarla, no darle torpes mordiscos porque algunos no quieren
pagar impuestos y buscan a otros que sí los pague. Si para crecer o mantenerse
necesitan finanza, que sólo provenga del estado, vía banco de la nación; jamás
de los privados. Sólo cuando la empresa familiar se haya transformado en
pequeña, mediana o grande, pagará los impuestos comunes.
La empresa familiar, debe constituir una
categoría muy valiente de empresarios, para apoyarlos, no canibalizarlos desde
el comienzo. Claro, vivimos en un país cuartomundista.
Ω
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