El sueldo de la
burocracia, es una cantidad que el Estado puede fijar, por provenir de los
impuestos y otros ingresos de las empresas públicas; pero, lo salarios de los
trabajadores privados, deben ser acuerdos entre la empresa y el trabajador.
Ningún sistema
económico opera con certidumbres de utilidades indefinidas. La lógica y las
matemáticas, la temible historia, nos señalan caminos, más nunca certeros.
Luego, no todos los
trabajadores pertenecen a las mismas categorías universales; de empleo; lo que
siempre se debe de considerar cuando se le analiza.
Tal vez, más
significativo que un “buen” sueldo o salario anual, sea tener derecho a parte
de las utilidades empresariales cuando se las obtenga, y sólo en ese caso.
Será el único momento
en que el trabajador considere seriamente el crear más utilidades en la empresa
en que labora; y terremotos en las mentes tradicionales de filósofos,
idealistas, científicos, intelectuales, políticos, religiosos, empresarios,
trabajadores…todos.
Ω
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