La mejor frase
religiosa que he oído es esa que dice: “¡Ayúdate que yo te ayudaré!”.
Dicen que dios se lavó las manos (lo aprendió
de Pilatos) cuando tuvo que resolver un serio problema y no encontraba a
Salomón (Se había ido a vacacionar a Saba); bueno el asunto era que, en una
última jugada de fútbol, se ejecutaría una penal; si entraba ganaba ese equipo,
sino, campeonaba el otro.
En medio de tremenda tensión, el arquero,
dentro del arco, se arrodilló y suplicó a Dios pidiéndoles que le permitiera
atajar el penal o que el rival fallara (Como Luchito Suarez); al mismo tiempo
algo apartado del árbitro, el que patearía el penal también se arrodilló sobre
la verde alfombra y rogó:" Señor, todopoderoso, tú que todo lo resuelves,
haz que no me tiemblen las piernas y pueda hacer el gol".
y empezaron a pasar los
segundos, que para Dios fueron una paradoja: la única manera de que sucedieran
ambas situaciones, era demostrando que realmente era Dios que todo lo puede.
(Claro que no había leído eso de la Mecánica Cuántica, donde un gato, no
importa el color, puede estar vivo y muerto simultáneamente; y en muchísimos
lugares al mismo tiempo y por ello, el penal se ejecutaría y fallaría al mismo
tiempo, satisfaciendo a ambos creyentes).
Así que se lavó las
manos, murmurando, “arréglenselas ustedes”. Se dio la situación, falló el penal…Se
reafirmó en la fe un jugador, y la iglesia perdió al mismo tiempo a un
creyente. El mundo continúa moviéndose con esas situaciones.
Ω
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