En Brasil, como en
Sudamérica, la rapiña de tierras indígenas no se detiene. El qué hagas con tu
propiedad, es cosa tuya. Nadie tiene derechos sobre tu propiedad, sino sólo tú
mismo; eso es capitalismo: libertad y propiedad.
A los indígenas de
cualquier lugar del mundo, se les debe reconocer como de su propiedad parte del
espacio donde siempre han existido antes de que llegaran los depredadores de
tierras.
En Perú, parte de ese
suelo, es (y debe extendérseles por ellos títulos de propiedad) propiedad de
los indígenas en comunidades; tienen derecho particular a las tierras para viviendas,
agricultura, a los bosques o pasturas; menos los ríos y el subsuelo que es del
Estado, es decir, de todos los peruanos, para su explotación racional y común
de todo el país.
Por eso el tacneño,
el puneño, no debe ser indiferente a la explotación del petróleo en el norte o Amazonía,
como ellos tampoco ignorantes de lo que sucede con la minería en el sur; riquezas
del subsuelo peruano; que es propiedad de todos los peruanos; no de clases sociales
o gobiernos totalitarios o inversionistas que no pagan impuestos.
Gusten o no gusten,
se entienda o no, los peruanos tendremos elecciones sucesivas; ¿Habremos, con
tantos sucesos, aprendido a vivir en sociedad? ¿Seguirán primando las fuerzas internas,
externas del poder económico, monopolistas de las riquezas del territorio de
todos los peruanos? ¿Entenderemos todos que hay que hacer reajustes a lo que
creíamos que no debe cambiar por nuestra conveniencia egoísta, dentro de leyes
alcahuetes, cabronas, pero no representativas de la justicia ?
Ω
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