En Perú, es común por
los políticos, inaugurar proyectos fiscales sin concluir, comprobar su
funcionamiento, sólo para echar tierra al proyecto y olvidarse de ellos; hoy
con la tecnología de las comunicaciones instantáneas ya no es fácil burlar a la
ciudadanía, pero se continúa practicando en cada región del país; por supuesto,
sin jamás sanciones suficientes.
Todo programa social
de largo alcance, que no se complete en un periodo o dos gubernamentales, no
debe de ser responsabilidad del gobierno, sino de otra entidad estatal
permanente dentro de los ministerios. Década tras década, cada gobierno en Perú
pierde millones de dólares en proyectos nunca acabados, pero si completamente
pagados, sobrepagados en adendas ominosas. Cuando no se culmina una obra, esta
no es terminada por el gobierno siguiente porque no hay postas; donde la
irresponsabilidad de los gobernantes está a la altura de la ignorancia o
desentendimiento de los gobernados.
Contraloría que
debería meter la nariz hasta en el último rincón de lo fiscal, no lo hace. Necesitamos
en Perú un sistema contralor poderoso para reducir, eliminar la corrupción
impune de los políticos gobernantes.
Hay ciudadanos que no
tienen dineros para una operación quirúrgica y mueren por ello; mientras
millones de dólares se hacen humo de mano en mano de políticos amorales y sus
pandillas de abogados, fiscales, jueces que comen del mismo plato de la
corrupción en Perú.
Tal vez contralorías
no debería confiarse a nacionales sino organismos extranjeros reputados.
Ω
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