viernes, 29 de junio de 2018

EL PESCADO NUESTRO DE CADA DÍA, PESCADOR, DÁNOSLO HOY. ¡UN ALEGRE DÍA PESCADORES DE TODO EL PERÚ!


Cuando vamos al mercado por los frutos del mar, pescados, mariscos…tenemos la comodidad de adquirirlos; nunca pensamos cómo llegaron a las mesas de los comerciantes.

¿Han pescado alguna vez en el mar? ¿Desde la orilla o entrando en bote, como lo hacen los pescadores de caletas, puertos, desde playas solitarias? Hay que madrugar, ya en las nieblas frías; en el verano; hay que anochecerse; tener paciencia para capturar a veces poco y llegar con ellos al hogar, única fuente de ingresos para tantos.

Recuerdo la historia que el niño apenas vuelto hombre, empezó a salir a la mar para hacer el trabajo de padre ya fallecido. La primera vez la madre envejecida no quería que lo hiciera; pero el sustento provenía del mar, de la aguas aquellas azules, movedizas; tantas veces violentas o serenas.

La primera angustia de la madre desapareció cuando ya tarde mientras el sol desparecía y ella esperando en la puerta vio que su pequeño hecho adulto, traía la canasta llena de peces.

Orgullosa la anciana contaba a los habitantes de la caleta lo hecho por su hijo. Así vivieron muchos meses; de aquella nuevas fuerzas y destrezas enseñadas por el padre.

Más una tarde, una noche, el muchacho no volvió. Con una lámpara la anciana recorría las playas gritando hacia el mar, llamando al niño para ella aún.

Pasaron unos días en que la madre ya sin lágrimas recorría desde la salida de sol hasta la noche aquellas playas donde llevaba a jugar al niño. Unos pescadores, con nudos en la garganta, le dijeron que habían encontrado el bote del muchacho destrozado entre la rocas donde otros no se atrevían a acercarse, aun sabiendo que allí estaba la mejor pesca. El muchacho no estaba.

La pobre mujer no descansaba de recorrer esas playas, llamando al hijo, reprochándoles que no volviera, por qué la había dejado sola.

Una madrugada muy temprano, dos pescadores que iban por la playa vieron un pequeño bulto de ropas que movían las brisas. Era la anciana que parecía que dormía. Estaba muerta.


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