La
mentalidad de los pensadores de hoy, científicos, filósofos, aun no es suficiente
para interpretar los fenómenos del universo y expresarlos en una teoría.
Los pensadores del pasado han creado sus
hipótesis que son aproximaciones a la verdad del cosmos, en el que el fenómeno
vital es hasta misterioso.
La vida
existe en la tierra en infinidad de formas; existieron también y dejaron su huella
de ello en fósiles, no siempre fáciles de comprender y pensando que existieron
otros miles de los cuales jamás sabremos nada.
Los humanos
han temido siempre a la muerte, sentimiento no ajeno en todos los seres
vivientes; podemos verlo en los ojos aterrados del antílope cuando es
acorralado por el leopardo; o en los de la cebra frente a un grupo de leones
hambrientos.
Los humanos que siempre han temido más a la
muerte han sido y siguen siendo, los poderosos. En el caso de los faraones,
tenían terror a morir para siempre y no seguir disfrutando de privilegios
generalmente creados por rapiñas. Creían que evitando la descomposición de los
cuerpos— embalsamándolos y forrándolos con oro, metal de la eternidad sin descomponerse—,
pensaban que vivirían eternamente con todo el lujo que se procuraron mientras
vivían.
Los humanos
de hoy, especialmente los poderosos, siguen buscando la piedra filosofal para
ser siempre ricos, poderosos socialmente, a cualquier costa; disponer del elíxir
de la vida para existir eternamente. Convencidos tal vez de que eso no será
posible en el planeta Tierra, se busca en otros lugares, Marte por ejemplo; por
ello el interés de hacerlo habitable.
Pero
alrededor del fenómeno que llamamos seres vivientes, existen infinidad de variables;
como una atmósfera con mezcla de gases en proporciones definidas; con contenido
de oxígeno que en la Tierra es un 20% de un volumen muy superior al de Marte;
este elemento es el que por acción química proveerá de energía de existencia
para los seres vivos.
En la Tierra
el núcleo está activo en su estado pastoso, líquido; proveyendo de calor e
impidiendo que el agua de los océanos sea atraído hasta el núcleo. Está también
la fuerza de la energía gravitacional y magnética, tan superior a las de Marte.
En fin, si
cualitativamente, en el planeta Marte existen las mismas clases de materias, no
lo están en cantidad. Pero muy en particular: la cantidad de energía solar que
le llega, es muy inferior al que dispone la Tierra; factores nada favorables a
la existencia de los seres vivientes, aun de los más primitivos.
Luego, la
investigación no tiene por qué detenerse; hasta tener directamente el conocimiento
a posteriori de lo que sucede con la materia y energía; como corresponde a la
auténtica ciencia, a la verdad.
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