domingo, 8 de julio de 2018

TESTIGOS CULTURALES DE LOS PUEBLOS: NOSOTROS ESTUVIMOS AQUÍ




Una punta de flecha de sílice; un hacha de piedra; cenizas y huesos dentro de cavernas; restos de vasijas de arcilla cocida y formas rústicas; en paredes planas, inscripciones casi totalmente borradas; y entre tantos indicadores de estos, construcciones desde las más elementales hasta sofisticadas.
 Lo humanos los han hecho, con si hubieran querido dejar su marca de que existieron, de que vivieron en esos espacios hoy desiertos.
Tal vez la razón consciente de dejar su firma fue los que les impulsó a crear esos objetos; pero, los humanos, en un grupo, son diferentes en psicologías; los había, y hay, guerreros o militares; religiosos o hechiceros; políticos; ya empresarios para producir y hacer producir cosas; y… con espíritus de artistas, natos y netos.
Nadie los obligaba a pintar o a modelar, a usar sus manos; no había jefes para ello; les nacía; y así fueron los primeros cronistas de sus pueblos; en esta novela que es la existencia humana, sin claridad en sus razones de existencia, más allá de vivir, reproducirse, como cualquier otro ser viviente.
Estos primeros y rústicos artistas, nos conmueven por la simplicidad de sus trabajos; pero conforme avanzaban en cultura, sus manifestaciones culturales, con nuevos materiales llegan a asombrar a los humanos de la actualidad; la complejidad de su arte; la belleza de él, en materiales especiales como son los metales preciosos, piedras especiales.
Cuando el hombre de hoy; el plenamente sensible a lo estético, contempla un objeto de arte, en oro, de los egipcios faraónicos por ejemplo, aún en él, habría que preguntarse qué ve primero, si su valor económico o como objeto artístico.
 No sucede lo mismo con una sencilla vasija de arcilla; o algo con formas de humanos o de animales, no como objeto práctico, sino artístico; lo que lleva a preguntarse, lo complejo del ser humano; su capacidad de creación estética, ya desde el comienzo de su civilización; desde su estado más primitivo, ya contenía en su espíritu el instinto creador del artista, que de paso nos dejaba la crónica de: “Nosotros estuvimos aquí, sépanlo, no nos olviden hermanos”.
 

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