Contempla entristecida la
vieja campesina,
Toda su chacra por el agua
destruida,
Sobre el lodo del destrozado
maizal camina,
Todo el trabajo, la
esperanza, la fe está perdida.
Aún sobre su cabeza zumba
el rayo violento,
Pronto seguirá lloviendo,
Mientras rozan sus arrugas
el helado viento,
Quien sabe lo que su anciano corazón esté sufriendo.
Le gritan que entre a casa
que ya empieza a llover,
Lenta regresa mientras el relámpago
inunda su anciana cara,
Resulta entonces muy
difícil saber,
Si mirando al suelo con la
lluvia sus lágrimas dejara.
Ω

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