Qué paradójico, los
enemigos de Alan García le construyen una leyenda que lo mantendrá existente en
el tiempo, en la historia; mientras sus constructores desaparecerán en la nada;
donde los pulpìnes, los NINIS, son los más participantes, puras hormonas que no
manejan; sólo piden, no plantean soluciones; sólo se ponen de un lado sin
conocimientos de causas; llegarán a viejos y viejas sin entender mucho. El más
mencionado es el más recordado, fuera de éticas, morales.
El valor de este
expresidente aprista, es su anticomunismo, desde el nacimiento de su ideología,
con lo irónico de conseguir cambios sociales sin violencias, frente al
genocidio comunista de Stalin, Mao, Pol Pot, y quizás Maduro.
No es el caso de
Morales, que sabe con buen criterio, que nacionalizar es suicidarse, que quien
domina los mercados es el amo del mundo; no los medios de producción, y que lo mejor
es obligar a las empresas inversoras, a los gobiernos compadres de ellos, a
pagar los impuesto y el material extraído de las minas y demás recursos; y que
tomen su parte legal y justa; sin adendas.
Porque más allá de
las gritas políticas, de la chusmería social, están siempre los intereses
económicos nada más, que definen todos los demás poderes en una sociedad.
Ω
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