La educación europea, occidental de todos los
peruanos, ha ocultado pero no desaparecido elementos de la cultura incaica y aún
más atrás, manteniéndose incólume; coexistiendo, sin influenciar
sustancialmente, y si dejarse desaparecer del todo, pese a siglos de
intromisión europea.
¿Por qué a pesar del terror, los indígenas peruanos
prefirieron la muerte en manos de terroristas, policías, militares, en una
auténtica guerra interna con todas sus características, —y que deberíamos
olvidar en las generaciones—, antes que ser adoctrinados, dogmatizados en el
comunismo?
Vivían, y muchas familias, individuos, aún viven en
pobrezas, casi aislados, indiferentes al Estado y a las sociedades de la costa; u olvidados
por sus propios parientes, absorbidos por la cultura criolla, con la cual
comercian principalmente o sirven de algún modo.
La idea capitalista, en el indígena, como un intenso
sentido cultural, hasta genético, radica en el concepto de la propiedad del “Tupu”
o Topo, como palabra castellanizada; es decir, la porción de tierra capaz de
alimentar a un varón adulto; que le entregaba
el Estado y del cual era propietario absoluto mientras viviera, sin que nadie se
la quitase, salvo el propio Estado, por razones de delincuencia, por ladrón,
asesino y también homosexual; donde la pena era simplemente la muerte y juicio
sumario; por ello los españoles no encontraban cárceles cuando preguntaban por
ellas; según los cronistas.
Cuando era adulto recibía un Topo el varón y medio
Topo para la mujer—aunque ellas comen más, esta diferenciación era de aquellas
culturas, extraño también—; en el matrimonio se juntabas estas
parcelas—recordemos que la base económica era de casi un cien por ciento
agrícola.
Al morir las personas o perder el derecho sobre ellas,
los terrenos pasaban estadísticamente al Estado; no había herencia. El Estado
en complejas cuentas de quipus, entre otras cosas, administraban de estas maneras
las tierras de cultivo, y pastoreo del ganado de carga y lana, más que como
alimento.
Así existieron hasta la pérdida de las tierras por
luchas, por coloniaje, hasta que definitivamente el general Velazco les entregó
sus tierras en propiedad perpetua según leyes; algo que no tuvieron en el imperio
o antes de él. Por ello el sentido de sobrevivencia está adherido al de la propiedad
de la tierra, o propiedad, sentimiento fuertemente capitalista; aunque en el
espíritu y también en la razón, tanto en lo
profundo de las sierras y selvas, existe la estructura política y
económica, cultural alrededor de la propiedad de los “Topos” o espacio de
tierra agrícola y las zonas de pastoreo que según este concepto no existe un
metro cuadrado en la sierra que no tenga dueño; o el comunero en su propiedad
privada, o las zonas de cultivo como propiedad comunal.
El campesino indígena, de hoy, puro o no, es dueño de
su espacio; como persona, como familia, como comunero o socio en las tierras de
pastoreo; hoy con el sentimiento casi del occidental y europeo, aún siente y
vive la estructura del pasado: “él, ella, ellos, ellas, son dueños de sus
tierras hasta que mueran”.
A estas tierras, hoy hay que agregarles las riquezas
en el subsuelo, incomprensibles en el pasado. Leyes transparentes, son
obligadas. Los peruanos en eso estamos como problemática, como sociedad que evoluciona,
quiera o no, como razas, como culturas.
No me disculparé por haber escrito este artículo tan a
la carrera, o no se hacía.
Ω
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