sábado, 6 de abril de 2019

LA MENTALIDAD ECONÓMICA CAPITALISTA DEL INDÍGENA PERUANO MILENARIO Y DE HOY





La educación europea, occidental de todos los peruanos, ha ocultado pero no desaparecido elementos de la cultura incaica y aún más atrás, manteniéndose incólume; coexistiendo, sin influenciar sustancialmente, y si dejarse desaparecer del todo, pese a siglos de intromisión europea.

¿Por qué a pesar del terror, los indígenas peruanos prefirieron la muerte en manos de terroristas, policías, militares, en una auténtica guerra interna con todas sus características, —y que deberíamos olvidar en las generaciones—, antes que ser adoctrinados, dogmatizados en el comunismo?

Vivían, y muchas familias, individuos, aún viven en pobrezas, casi aislados, indiferentes al Estado  y a las sociedades de la costa; u olvidados por sus propios parientes, absorbidos por la cultura criolla, con la cual comercian principalmente o sirven de algún modo.

La idea capitalista, en el indígena, como un intenso sentido cultural, hasta genético, radica en el concepto de la propiedad del “Tupu” o Topo, como palabra castellanizada; es decir, la porción de tierra capaz de alimentar a un varón adulto; que  le entregaba el Estado y del cual era propietario absoluto mientras viviera, sin que nadie se la quitase, salvo el propio Estado, por razones de delincuencia, por ladrón, asesino y también homosexual; donde la pena era simplemente la muerte y juicio sumario; por ello los españoles no encontraban cárceles cuando preguntaban por ellas; según los cronistas.
Cuando era adulto recibía un Topo el varón y medio Topo para la mujer—aunque ellas comen más, esta diferenciación era de aquellas culturas, extraño también—; en el matrimonio se juntabas estas parcelas—recordemos que la base económica era de casi un cien por ciento agrícola.

Al morir las personas o perder el derecho sobre ellas, los terrenos pasaban estadísticamente al Estado; no había herencia. El Estado en complejas cuentas de quipus, entre otras cosas, administraban de estas maneras las tierras de cultivo, y pastoreo del ganado de carga y lana, más que como alimento.

Así existieron hasta la pérdida de las tierras por luchas, por coloniaje, hasta que definitivamente el general Velazco les entregó sus tierras en propiedad perpetua según leyes; algo que no tuvieron en el imperio o antes de él. Por ello el sentido de sobrevivencia está adherido al de la propiedad de la tierra, o propiedad, sentimiento fuertemente capitalista; aunque en el espíritu y también en la razón, tanto en lo  profundo de las sierras y selvas, existe la estructura política y económica, cultural alrededor de la propiedad de los “Topos” o espacio de tierra agrícola y las zonas de pastoreo que según este concepto no existe un metro cuadrado en la sierra que no tenga dueño; o el comunero en su propiedad privada, o las zonas de cultivo como propiedad comunal.

El campesino indígena, de hoy, puro o no, es dueño de su espacio; como persona, como familia, como comunero o socio en las tierras de pastoreo; hoy con el sentimiento casi del occidental y europeo, aún siente y vive la estructura del pasado: “él, ella, ellos, ellas, son dueños de sus tierras hasta que mueran”.

A estas tierras, hoy hay que agregarles las riquezas en el subsuelo, incomprensibles en el pasado. Leyes transparentes, son obligadas. Los peruanos en eso estamos como problemática, como sociedad que evoluciona, quiera o no, como razas, como culturas.
No me disculparé por haber escrito este artículo tan a la carrera, o no se hacía.

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