Hay dos energías fundamentales,
de la cuales depende la existencia no sólo humana, sino de cualquier vida,
entre otras: Energía Gravitacional y Energía Térmica; y se le puede agregar, la
Presión Atmosférica Terrestre, y Acuática en algunos seres del mar.
El calor y la
presión, — Recordemos que animales abisales en el mar, mueren por descompresión
cuando se les saca a la superficie, lo mismo sucede con los buzos, aun a pocos
metros bajo el mar—, pueden ser simuladas artificialmente, con la ciencia y
tecnología humana.
Pero nunca, hasta
ahora, y posiblemente jamás, se puede manipular las energías gravitacionales
ejercidas sobre los seres vivos en la Tierra por los diferente astros del
universo; especialmente las del Sol, Tierra misma, Luna y el Núcleo de la galaxia Vía Láctea— Sin considerar otras que
la Astrología nos habla de ellas, que es tema de discusión.
La Energía
Gravitacional, es una realidad en el universo, que sacaba canas verdes al gran
físico teórico Albert Einstein; por su incapacidad y la de tantos científico,
para conceptuarla; donde finalmente condujera a la teoría de la Mecánica
Cuántica, de base más ideológica que real; donde los idealistas luchan por
mantener sus dogmas y hasta obligaban, con la religión de la inquisición, a que
aceptemos como verdad lo imaginario sobre los real.
La energía
gravitacional, como energía de atracción, actúa sobre ella misma, y sobre todo
lo que existe en el universo, ya materias, ya energías. Desgraciadamente, no
toda la información científica obtenida en las millonarias investigaciones
científicas por los países avanzados, es libremente compartida; y las teorías
tienen comienzo sobre hechos; el físico teórico especula, usa matemáticas y
sobre todo el razonamiento lógico deductivo para crear constructos y explicar
el mundo en que existimos.
Pero, ningún
concepto, idea, definición es real, verdadera si no tiene comprobación, si no
existe en la realidad. El humano, el de mente más brillante puede, ni como
científico, ni como filósofo responde a la razón de la existencia, no sólo del
humano, sino de toda la vida y del universo mismo.
Existimos, la
mayoría nada más, como los demás seres; pocos miran al espacio tratando de
encontrar una razón para la existencia, especialmente cuando esta es cruel.
Ante tanta dificultad para las mayorías y siempre, y quizás para siempre, las
religiones tratan de encontrar consuelo en las creencias, que quizás a gentes
satisfagan; pero allí continúa las preguntas serias de la razón de la
existencia.
La ciencia, los
científicos, continúan investigando, manipulando las materias y energía, los filósofos
especulando con las manos enguatadas y los religiosos haciendo rezar a otros.
Ω
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