El caso Alan García,
¿tendrá cola? ¿Lo arrinconaron, lo obligaron a ponerse un arma en la cabeza,
pero quiénes jalaron el gatillo; sabiendo que era un hombre arrogante,
orgulloso y que no soportaría humillación una vez acorralado por tantos?
Recién empieza la reacción después del ataque
sorpresivo; ya se sabe de qué color del espectro llegó el ataque.
Alan tenía deudas y serias
con la sociedad peruana, pero había hecho algo por ella; pero no era el precio;
lo eligieron dos veces, fatalmente la primera, porque le reventó en las manos
el apéndice inflamado que venía del gobierno militar y de no mencionado
Belaunde; pero supo cultivar y cosechar en su segundo periodo, al continuar la
huerta dejada por los fujimoristas; dejando en fuerte azul la caja fiscal, más
siempre con errores de administración y políticos, más por incapacidades de
estadista que de mala fe.
Se vuelve
impredecible el futuro político de Perú. La sociedad peruana es una república;
acá no gobiernan reyes, monarquías; ni dictaduras rojas con sus dinastías; el
Perú es una democracia con todas las fallas de este sistema, pero donde las poblaciones
deciden sus destinos; más con errores por las manipulaciones electorales, que en
aciertos de sus líderes; programas de los grupos políticos.
Como república y
democracia, son necesarios los grupos políticos para que gobiernen la sociedad
peruana; luego, el destino histórico de Perú, está llamando a la renovación de
sus organizaciones políticas; nuevos líderes serán necesarios, así como
ideologías actualizadas que sirvan a toda la sociedad, no para que los
políticos parlamentarios, ministros, presidente, gobernadores y alcaldes se
beneficien como delincuentes.
No hay mal que por
bien no venga; tal vez el absurdo capítulo, enseñe algo del camino a seguir por
las sociedades, las naciones, aun varias, en Perú. Donde la semilla del odio,
sembrada y cultivada anónimamente, no será fácil de erradicar; hasta sacar a la
luz, los traidores, delincuentes, incapaces, enfermos de complejos por no haber
sido presidentes.
Ω
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