Qué peruano, con
dos neuronas funcionando, no hemos quedado sacudidos por este caso, que no es
nuevo, ni aquí ni allá, y presumiblemente, siempre habrá; mientras, nos
sacudimos de ello, las salpicaduras o algo más, que estarán por mucho tiempo.
Hay la sensación
de que nuestro hormiguero, con hormigas de todos los colores políticos, con veneno
de odios tantos, codicias de poder; sensación de que fuerzas superiores
hubieran destrozado este hormiguero; pero allí están las auténticas hormigas
enseñando qué se debe hacer cuando esto en la sociedad ocurre; sólo queda un
camino: la reconstrucción, aun con codazos, insultos, escupitajos; ya más esclarecido
todo; con las dudas siempre de que no se dijo todo y que no todo es verdad, y
que el mal no se casa con nadie.
Pero también puede
suceder, que hasta con trágicas e innecesarias escenas, después del ruido, continúe
lo mismo. Porque a lucifer sólo se le puede encerrar, nunca destruir.
Los peruanos,
tenemos un tiempo referencial: el Bicentenario. Más allá de ello, ¿repetiremos
lo hecho en doscientos años?
Los peruanos
debemos entender y pareciera que así es, que una cosa es la política, otra la economía,
ambas dentro de el mismo organismo social, donde el Estado y los gobiernos
tienen responsabilidades. La política es un medio para obtener algo, es un arma
de defensa o destrucción, es una herramienta para el orden; es un abstracto, no
existe fuera de la sociedad.
La economía, es el
final último, es concreta, es el medio de subsistencia final del humano
existiendo en sus sociedades; simplemente es producción de bienes y servicios,
sin los cuales ninguna sociedad puede existir, empezando por alimentarse
diariamente, así como se respira cada segundo.
Dos fuerzas, en un
marco de una tercera, existen en la
economía, sin ellas nunca existirían las sociedades: los Empresarios, nacidos
para crear empresas de producción, son la idea, la voluntad, y el capital; los
Trabajadores, sin sus músculos tantas veces mal alimentados, son los
realizadores de los proyectos empresariales, sin ellos no habrían pirámides,
murallas chinas ni nada de lo material creado por los humanos. El Estado con su
marco de leyes para armonizar la fuerzas de la economía; leyes tantas veces con
nombre propios, aún en las democracias, leyes creadas, aplicadas por los
gobiernos de turno y por las burocracias vitalicias.
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Ω
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