En la era de la
cultura griega, se valoraba a las personas con una balanza de dos platillos, sostenida
por una muchacha virgen, pura, sin ninguna malicia por ello, además tenía los
ojos vendados, y una espada para la sanción sumaria.
Para juzgar a un
acusado, se colocaba en un platillo todo lo bueno que haya hecho y en el otro
todo lo malo; según para donde se incline aquella balanza, se aplicaba la
sanción. Esto era en una sociedad altamente civilizada, para aquellos tiempos.
Pero los diferentes
grupos humanos siguieron creando historia en los espacios y tiempos diferentes
en donde existieron; y todo fue cambiando. Se formaron poderosos, difíciles de
derrotar, por sus fuerzas, sus astucias, sus maquiavelismos. Aquella corte de justicia
fue allanada por ellos, la muchacha-justicia, violada; su balanza destrozada y
reemplazada por otra de un solo platillo; que empezaron en el imperio romano,
llamadas por ello romanas; donde se colocaban únicamente los cargos, sin lugar
para los descargos; con jueces aleccionados.
En todas las
sociedades, incluyendo, especialmente la peruana, se aplica está balanza de un
solo platillo; como en los mercados de papas que les permite falsear los pesos…o
los cargos, reales o inventados, según el acusado y los acusadores.
Sin embargo, nadie
sabe dónde quedó su espada; sólo se murmura que alguien la encontrará alguna vez,
y se volverá a aquella justicia; con muchas cuentas que saldar.
Ω

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