No hay energía más
poderosa, para el cuerpo, para el espíritu, hasta para la razón, que la
Esperanza. Puede llegar a ser la única causa que le dé sentido a la existencia
de todo ser humano en dificultades; claro, que también hay que mover los
músculos en esa dirección.
Esto ya los sabían
los sabios, los pensadores, aquellos que tienen una mente más precisa para ver
con más claridad la verdad que las mayorías. Nos equilibra, en un mundo que
pareciera creado para lastimar a los seres vivientes más débiles.
Después de todo, la
felicidad es un estado de ánimo personal; es interior al ser, no está fuera de
él; por ello las filosofías o religiones orientales se basan en ello para
renuncias al mundo exterior al individuo.
Nadie es feliz o
infeliz toda su vida; sino que tiene alternancias de estas emociones; por ello
es importante ser educado para saber cómo vivirlas en su justo valor; recordando
que todo es cíclico, que el bien y el mal vienen y se van; para tantas veces
retornar en la misma cadencia.
La Esperanza es la
sensación serena de que lo malo que se está viviendo no durará siempre, y que
algo mejor llegará; esto es un sedante para el espíritu y debe uno abandonarse conscientemente
a ello, para equilibrio del espíritu; aunque sea por instantes.
Ω
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