Fácil: busca al matón
o matona; espéralo a que esté sólo y golpéalo en el hocico; exactamente allí; aguanta
todos los golpes, evitándolos, ¡muévete!
Pero antes, por dos
meses, en tú casa, hazte un saco de boxeador, rellénalo con arena y golpéalo
todos los días, cada vez con más fuerza, hasta que te salgan ampollas; cuando
sanen las ampollas le rompes el hocico si es hombre, la nariz si es mujer;
después al diablo todo; porque te respetarán, y... te temerán.
Ah, que te ayude tu
vieja, tu viejo, o tu hermano, hermana mayores; si no quieren, al diablo; hazlo
sólo; después me cuentas. No olvides, aguanta los golpes, te acostumbras y se
cansan los imbéciles.
El sistema educativo
no hará nada por ti. Ya te mando la factura.
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