Hay grandes capitales
que cometen el pecado capital de la avaricia; empezando por no pagar todos los
impuestos de ley y sin repartir utilidades a sus trabajadores, y manipulando al
periodismo de investigación privado, a parlamentarios para que creen leyes
favorables a la explotación con adendas; como en el petróleo, etano,
electricidad, peajes…
No cualquiera que
siga cursos de creación y cultivo de empresas, se vuelve empresario. El ser
empresario es un talento con el que se nace y se puede ignorar que se posee;
pero el instinto despierta esta capacidad; la crítica va a que la codicia los
lleva, especialmente a los grandes, a no pagar los impuestos con los que se
puede desarrollar la sociedad.
En Perú, se sostiene,
que son miles de millones de dólares no cobrados a estas empresas; eso continúa
y no hay fuerzas de leyes ni nacionales ni internacionales, hasta ahora, de hacerlas
pagar. Los impuestos no quiebran a las empresas cuando son a las utilidades
obtenidas periódicamente.
Ω
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