Como claras perlas serían,
Tus claras manos sobre las mías,
En mi alma eternamente quedarían,
Lo que siente mi alma, también tú
sentirías.
Qué fácil es soñar en soledad,
Viendo que el viento de otoño lleva,
Como las negras nubes una
tempestad,
Y mi sentimiento por ti,
encerrado en una cueva.
Cuando entre nieblas por el licor
de mi tierra,
Me esfuerzo por ver tu bella faz,
Aquella que mi mente no
destierra,
Cuando por sólo un momento, la
veo fugaz.
Veo al cielo de la noche y me
pregunto,
¿Por qué tan fáciles brotan los
sueños que duelen?
Si mi amor nació difunto,
¿No hay alegrías para mí, que me
consuelen?
¡Cómo hubiera querido todos los
días,
Tus blancas manos de perlas
marinas,
Sobre el eterno cobre de las
mías,
Cuando sé que ahora, que no sólo
a mi fascinas!
Ω

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