La naturaleza fue
pródiga con lo humanos que llegaron al altiplano en Sudamérica: los protegió de
las enfermedades de los valles; les dio alimentos como la papa, quinua y
posteriormente la observación que permitió el descubrimiento del chuño,
alimento almacenable por años; lanas como la de esta bella alpaca, para sus
vestidos; frío para producir su chuño y charquis o carnes deshidratadas.
Esas ideas
desencadenan estos tan útiles animales perfectamente domesticados. Hoy los
indígenas se enfrentan a nuevos retos: la combinación o dilución en otras
culturas...o desaparecer; porque el aumento constante de población obliga a la
inmigración, llevando de sus espacios su cultura tradicional a la de otros
donde ya existen otras culturas.
En las costas no se
usan polleras por el calor; muchas cosas cambiarán y están cambiando,
especialmente en las nuevas generaciones de niños y niñas descendientes de
inmigrantes serranos, altiplanos. Ya no escuchan desde los vientres maternos el
ritmo de las danzas y músicas campesinas, huaynos, zampoñas… las nuevas niñas
crecidas en otro medio cultural desarrollan otro espíritu, otras culturas aun
mestizas; otras vestimentas; caminan por las calles con jeans apretados y
pegadas a los celulares…mientras a su lados madre y abuela visten las
tradicionales polleras en primaveras muy calurosas para ellas.
Todo se combina en el
universo, nada permanece; en los niños de inmigrantes, no habrán
perturbaciones, sólo en los mayores que vienen con su cultura histórica, que el
tiempo ajustará a lo diferente.
Ω



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