Sin renunciar a la inevitable globalización, por la
dialéctica de la naturaleza, toda cultura tiene el derecho de conservarse, no
dejarse destruir por adoctrinamientos ni a la fuerza; ser libres para escoger.
Respetar a las otras culturas en la diferencia y hacerse respetar por las
mismas razones. Ninguna cultura es netamente superior a las demás, sólo son
diferentes con características propias de ser valiosas. Los humanos más
informados, cultos, inteligentes, deben reconocer el diferente grado de
desarrollo de los grupos humanos en la historia de la humanidad.
Si las culturas, por sus diferencias, no tuvieran algún
valor, no existiría el fenómeno del turismo.
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