La religión nos enseñó,
desde la pila de bautismo, y en los hogares con las madres, que los animales no
tienen alma; es decir, no tienen sentimientos; con lo cual está permitido
cualquier maltrato hacia ellos. De esto se valieron pueblos creyentes en dioses,
para invadir otros pueblos, explotarlos, asesinarlos sin remordimientos; porque
les bastaba decir que humanos de culturas inferiores, no tenían alma y al
aullido de herejes, los quemaban vivos.
Pero, lo grave para
la verdad, como todo idealismo absoluto, nos mutiló el cerebro, al amaestrarnos
para que no consideremos verdad lo que perciben nuestros sentidos directamente;
nos esclavizaron para que creamos lo que está en un libro y no lo que percibimos
directamente de la naturaleza y que este método de aprender se llama ciencia.
El idealismo, el
creer a las buenas o a las malas que lo que se imagina una persona, o una
organización, cualquier cosa que sólo sea idea, es verdad y que debe imponerse,
ese idealismo aun continúa y lucha por no desaparecer, porque les brinda
beneficios de comodidades materiales, mientras ellos no creen en lo que
astutamente imponen y les da vida cómoda, parasitaria social, frente al
realismo de la ciencia, que sólo es verdad, aquello que podamos demostrar como
existente en el mundo físico.
El creer o no en
ideas puras, es cosas finalmente de decisión personal, de cultura; pero esto no
debe de obstaculizar al pensamiento científico que es el único que nos permite vida
material y también sentimental más acorde a la realidad material a la cual
pertenece todas las cosas verdaderas, finalmente.
Debemos vivir en la
verdad material; tengo o no hambre, siento o no frío, me hace sufrir física y moralmente
la enfermedad que tengo y que es incurable o no. Una medicina puede curar una
enfermedad, un solo deseo, no.
No hay más verdad que
la que tiene constatación material, directa o indirectamente. Las manos deben
usarse para producir bienes, sembrar los campos, manufacturar ropas, muebles…
no sólo para juntarlas y pedir a seres invisibles que nos resuelvan nuestros
problemas.
Ω

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