Ningún trabajador
en Perú, por percibir los salarios más bajos del continente, podría ahorrar;
esto lo hacen algunos empresarios de las pequeñas empresas y las superiores.
Sus salarios no cubren los gastos del mes; es
decir, todo lo que percibe por su trabajo es consumido, en alimentos, vestido,
vivienda con los servicios, educación, transportes a la escuela, al trabajo,
medicinas y servicio, que se pagan en
billetes siempre, por el deficiente sistema sanitario…antes del fin de mes.
Las
gratificaciones, Fiestas Patrias, Navidad, reconocimiento a su labor constante
en la empresa, son un respiro en sus gastos personales, y lo más importante,
que nunca, por intereses ideológicos, se menciona: son inyecciones esporádicas,
famélicas a la economía peruana; porque todos esos dineros van al consumo, a
pagar deudas, para cubrir los fines de mes.
La
estructura, sistema económico capitalista, es como un Motor y su Combustible;
donde el motor es la Oferta, que no se moverá sin el combustible de la Demanda.
A más combustible, más potencia en el motor.
Se sabe; pero se esmeran, los del poder y los
lobos a sus servicios, a que no lo sepan los electores, que no hay economía
viva, sana, sin consumo, sin la acción principal del salario. Los consumos de
los ricos, no hacen economía, son los pocos dólares individuales, pero en
millones y millones de ellos los que crean las riquezas, en producción y
consumos.
Si para los
trabajadores, son importantes las gratificaciones, lo es también y más para la
producción; es decir empresarios, y Estado, en cuanto a los impuestos que no
cobra a los grandes por las adendas.
En Perú, hay
dos gratificaciones históricas: la de Fiestas patrias y Navidad; falta la del
Día del Trabajador. Dineros que se consumen en el motor de la economía.
Los
trabajadores peruanos se merecen algo más que las gratificaciones que no son
favores por la argumentación descrita, esa nueva gratificación por el Día del
Trabajador; porque los salarios son bajos; porque mucha gente está sin trabajo,
sostenidos por la familia. Respeto a ese peruano que se forma para un Perú
nuevo.
Un peruano puede estar triste, hasta con
lágrimas, apretando su bandera al pecho por grandes penas; pero cuando se trata
de su patria, su rostro se le ilumina, su boca produce un gran grito, que lo
produce en cualquier lugar del mundo: ¡Arriba Perúuuuuu!

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