Un gran descubrimiento en la ciencia y tecnología, y lo será
en la empresa, porque los costos se minimizarán enormemente, es haber
demostrado que la propiedad de las materias, no dependen de su cantidad, sino
únicamente de su cualidad.
Es decir que un
kilogramo o tonelada de cobre puro, tiene las mismas propiedades de proveer de
electrones que un nanogramo o milmillonésima parte de un gramo. Que tanto un
kilogramos de cobre, reaccionando con ácido sulfúrico, siempre producirá la
materia sulfato de cobre y no otra cosa; y de manera exacta, dos nanogramo de
cobre siempre, con ácido sulfúrico producirán sulfato y no otra cosa.
Sus aplicaciones empiezan a ser sorprendentes, especialmente
en la medicina, donde poquísimas moléculas de sustancias anticancerosas distribuidas
en la sangre, pueden llegar al lugar donde están enfermedades como los
cánceres.
Pero, quizás donde también sea sorprendente su uso, es en la
exploración del universo. Donde proyectar un cohete y máquina exploradora o
sonda espacial, contra la fuerza de la gravedad de nuestro planeta Tierra, es
toda una montaña de dineros; en tecnología, gastos. Pero si la naves o sondas
espaciales son hechas con dimensiones microfísicas, desde satélites, con pocas
energía de impulsión, podrá explorarse el cosmos como no se ha soñado siquiera.
Si se puede construir
un televisor de tamaño microscópico, se podrá diseñar y en nuevas tecnologías
crear exploradores del espacio del tamaño de pulgas, y dar los gigantescos
saltos con lo que suspiran los científicos del universo; ¿para qué? Tal vez
sólo porque así es el humano.
Sin embargo, en rincones obscuros de la razón, existen los
temores históricos, de que todos lo que crea el humano, es también para
autodestruirse.

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