Con cierta frecuencia llegan las noticias duras de humanos
devorados por depredadores, por tigres, leones, cocodrilos; ¿Por qué? porque
hay leyes, leyes supranacionales, que protegen a los animales salvajes “en vías
de extinción”; donde no se considera la seguridad humana como individuos y como
ciudadanos agricultores.
En la India, una madre llora la pérdida de su hijo y
animales domésticos por ataque de tigres; en el África, mujeres se quejan que
por proteger a hipopótamos y ellas ahuyéntalos de sus sembríos, van presos con
fuertes multas; porque esos animales son para que los vean los turistas
europeos y otros, que pagan al Estado algo, pero no a los pueblos afectados. Espantando
a los hipopótamos de sus arrozales, un grupo de campesinos fueron atacados por
manadas de leones, no sobrevivió ningún agricultor.
Las víctimas de las fieras salvajes ¿valen menos que los
depredadores protegidos para que los turistas puedan fotografiarlos? Los
espacios protegidos limitan con los agrícolas; tal así que un cocodrilo atacó y
devoró a un campesino, los aldeanos furiosos eliminaron a muchos de ellos, ahora
afrontan demanda; y la crítica de los turistas civilizados que sienten que los
privan de fotografiar animales salvajes.
Esto no debe quedarse así; hay que decidir; los animales
salvajes no tienen voto. Lo deben decidir los habitantes afectados, no los
colonizadores del mundo aún vigentes.

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