Campesino, es una persona que vive, trabaja, su
sobrevivencia depende del campo qué él con su trabajo, sus conocimientos, hace
producir; con excedentes a veces, que le permiten obtener bienes, servicios que
él no puede crear.
Se pierde en las nieblas del tiempo y de los espacios, el
origen del campesino peruano; desde sus agrupaciones en las denominadas
culturas pre-incas, pasando por ese imperio, la colonia, república, hasta la
actualidad, con futuros muy poco diferentes desde sus orígenes.
Fue capaz de encontrar en la naturaleza, por observación y
experimentación ya científica, los productos naturales que le permitirían
sobrevivir, en espacios inhóspitos, por el frío, las alturas.
Domesticó los cientos de variedades o razas de papa; y lo
más fabuloso: descubrió la manera de hacer el “Chuño” o papa deshidratada por
proceso de someterla a fuertes heladas, calentamientos para eliminar el agua
que contiene.... Este producto, de su inventiva, podía y se puede conservar por
años, frente a las papas frescas. La papa, cuántas veces salvó millones de
vidas, en el mundo ya, ante la hambruna cíclica.
Hoy el campesino peruano, de las sierras principalmente,
vive de los productos de sus parcelas; por su propia cuenta con indiferencia
del Estado, de los gobiernos, que velan sólo por sus intereses ideológicos, de
pandillas. No tienen un catastro de las tierras de cultivo parceladas por
regiones de todo el territorio peruano; de sus titulaciones, que sólo interesan
para impuestos; no hay asistencia técnica, financiera, de mercados.
Estos micro-campesinos,
son los que alimentan a los pueblos y ciudades peruanas, con sus excedentes.
Por ello es buena noticia la idea de financiarlos, pero sin dejarlo quebrar,
rematando sus patrimonios en los malos años; ellos jamás deben dejar de
producir; protegerlos de los carteles de comerciantes que les compran cosecha
por adelantado a precios que nunca les permiten crecer y depender eternamente
de los prestamistas; auténticos, siervos, peones de sus tierras.

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