lunes, 8 de abril de 2019

¡AH! ¡SUELE SER GRATO EL DULCE ZUMBIDO DE UNA ABEJA!






Nada es más sorprendente en este pequeño insecto, no su capacidad de crear un producto valioso para el humano históricamente, sino su sorprendente organización social. A nadie lo gritan en su colmena para que vaya a trabajar o le falta trabajo; o alguien se queda con la mejor miel, ni la más abundante, como en el neocapitalismo; ni se rigen por un  dictador, como en el comunismo; todas cumplen funciones específicas; y cuando están para morir, lo hacen entre flores y hojas trabajando por última vez.
Hay una interpretación romántica del universo de estos insectos, que hasta están provistos de un arma para la defensa; se habla de una “reina”, de zánganos como consortes y las masas trabajadoras, militares y toda una sorprendente estructura social; en animales que ni siquiera son mamíferos, considerados más evolucionados.
Sin embargo, el gobierno tangible no existe; todos los elementos se rigen por una mano invisible; y así, como en el caso de los zánganos o machos para la fertilización únicamente, y después se las pasan devorando miel, cuando estos son demasiados, a una voz desconocida, los eliminan y sólo dejan a unos cuantos para la reproducción.
Nadie llora por ellos cuando arrojan lejos de la colmena sus cadáveres; pero en la vida social humana, el auténtico delito es más considerado que la propiedad o la vida de las víctimas, sin sanciones justas; porque aplican leyes arbitrarias para proteger más el mal social que aplicar justicia.
De todo lo que se puede aprender de estos animalillos que enriquecen un jardín, junto con otros insectos, está el hecho que de repente aparecen frente a nuestros ojos, narices, y se introducen con parsimonia dentro de las flores, caminan lentamente por la hojas; como si les placiera el recojo de néctar y polen; así están, e increíblemente el observarlas nos da serenidad al espíritu; hasta llenar buche, o las bolsas en sus patas traseras; luego, podemos observarlas, así cargadas, como comienzan a hacer vibrar cada vez más rápido aquellas casi invisibles y pequeñas alitas; el zumbido es potente y la atención en ellas muy concentrada; cuando el zumbido ha llegado a un límite, simplemente desaparecen de nuestros ojos y de nuestra vida. No sabemos dónde está su colmena, a qué velocidad se desplazan con su carga; no sabemos sin son jóvenes, viejas; ya no están más para nosotros.
Finalmente, en este muy pequeño artículo, sobre estos insectos condenados a la extinción por la mano codiciosa de esa especie animal depredadora, llamada especie humana, una vez, mientras curioseaba las flores, en un cáliz, había dos cuerpos inertes de dos insectos del mismo tamaño: una abeja había introducido su aguijón en el cuerpo de una araña y esta con las tenazas en su boca, había estrangulado a la abeja; ambas, en un pétalo, estaban muertas.
La impresión me duró varios días, después que en mi mano, no muy segura, comprobara aquello; porque este hecho de la lucha por la vida, es común observarlo en los humanos que se comportan como aquellas abejas y arañas, pero con sus semejantes.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

ALGÚN DÍA LOS LATINOAMERICANOS…

Algún día, los peruanos, los sudamericanos, los latinoamericanos, crearemos sociedades donde no haya desamparados; donde humanos,...